Para el mataburros de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “cosmos” equivale, en primer lugar, a “mundo”, es decir, el conjunto de todo lo existente.
En segundo lugar lo define como el “espacio exterior de la Tierra”. Y éste es precisamente su significado más popular. Debemos recordar, por ejemplo, que durante la Guerra Fría, “astronauta” era el viajero al espacio exterior que tripulaba las naves de los Estados Unidos de América. Mientras que “cosmonauta” era el tripulante de las naves lanzadas por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas… capitalistas y comunistas nos complicaban la vida a los hispanohablantes pese a que ni yanquis ni soviéticos hablaban castellano.
Cosmos como “mundo” se refiere, repito, al conjunto de todo lo existente: el planeta que habitamos, el género humano, la sociedad humana, el ambiente en que vive o trabaja una persona, el ámbito o parte determinada de la naturaleza.
Considerando que el ser humano siempre trató de organizar su mundo, COSMOS viene a ser lo contrario del CAOS. Y es que los homo sapiens sapiens siempre hemos buscado ordenar el caótico mundo que nos rodea con complicados y no menos primitivos conceptos ideológicos de orden religioso o político.
El libro COSMOS MOCHE se basa en ambos significados. El “orden” del mundo terrenal creado por los mochicas y también sus conocimientos sobre ese “orden” que habitaba el cielo. Desde los solsticios y equinoccios que marcan el tránsito del Sol durante todo el año, hasta las fases de la Luna, pasando por el mapa estelar que contemplaron en el cielo nocturno. Desde la denominada Vía Láctea, identificada como un río (mayu) celestial, cuyas sombras provocaron mitos y tradiciones andinas; hasta las constelaciones de estrellas cuyo movimiento sirvió como calendario astronómico. Y la identificación del movimiento de ciertas estrellas y planetas que fueron vinculados a los ancestros mitológicos.
Como toda civilización que se respete, los moches inventaron su propia religión y su propio orden político. Ellos crearon una cosmovisión basada precisamente en la observación del entorno ecológico y su relación con los fenómenos celestiales.
Así sucedió en todas las grandes civilizaciones. Las mitologías y las religiones fueron creadas en base a la observación del cielo y ésta cosmovisión nos gobernó durante decenas de miles de años. Los dioses nacieron en el cielo y esa multitudinario panteón no desapareció cuando algunas civilizaciones inventaron las religiones monoteístas y antropocéntricas hace apenas tres mil años y pico (casi nada en el calendario humano). Judíos, cristianos e islámicos celebran fiestas que siguen vinculadas precisamente a solsticios y equinoccios. Pesaq y la Semana Santa, el Ramadán y Rosh Hashanna, Hanuka y la Navidad, y un largo etcétera.
¿Alguien sabe a ciencia cierta el cumpleaños de Jesús? Pero lo celebramos en el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) y de verano en nuestro hemisferio, es decir, el 24 de diciembre, fecha en que los incas celebraban el Cápac Raymi. La navidad reemplazó las festividades romanas en honor al nacimiento de los principales dioses latinos y griegos (Júpiter y Zeus, respectivamente) cuyo origen, a su vez, surgió precisamente para celebrar el cambio de estación.
Los judíos tienen a la estrella de David, los cristianos a la cruz y los islámicos a la Luna en cuarto creciente coronada con una estrella que podría ser Venus. Todas son imágenes contempladas en el cielo nocturno y adoradas durante milenios. Su poderosa simbología no se ha perdido.
Los musulmanes dirán que el símbolo lunar no figura en el Corán. Lo cual es cierto, pero durante el esplendor del Imperio Otomano (turco) la Luna y la estrella se difundió por todo el mundo musulmán y hoy en día perdura en algunas banderas de países islámicos. En los países musulmanes la Cruz Roja funciona como la Media Luna Roja. Hasta la hecha, el inicio del Ramadán se basa en la observación de la Luna. La Meca sigue siendo una ciudad sagrada -como el Cusco- y la Hajj o peregrinación culmina cuando los fieles rondan la Kaaba, una construcción en forma de cubo que alberga una piedra sagrada: un meteorito caído del cielo. Se trata de una piedra negra que, según la portentosa tradición islámica “descendió a la Tierra más blanca que la leche (¿un cometa?) pero los pecados de los hijos de Adán la volvieron negra”.
Y en el libro COSMOS MOCHE vemos que la Luna en cuarto creciente coronada con una estrella son el eje de cuatro portentosos murales conocidos por los arqueólogos como el “muro del tema complejo”…
Lo cierto es que son 4 muros. Dos descubiertos en el complejo arqueológico de El Brujo, en Magdalena de Cao, muy cerca a Trujillo. Y otros dos hallados en la Huaca de la Luna (en las afueras de Trujillo). En el libro COSMOS MOCHE hay un detalle especial. Ambas huacas son equidistantes del cerro Campana, apu tutelar de Trujillo.
Los dos primeros muros fueron descubiertos por Régulo Franco y Pancho Wiese en 1990. Y fue precisamente su hallazgo lo que dio pie a los trabajos arqueológicos en Huaca El Brujo. Hoy en día se trata de uno de los principales atractivos turísticos de Trujillo y mereció un documental (medio monse) dedicado a su estrella principal: la tumba y el ajuar funerario de una sacerdotisa tatuada, bautizada como La Dama de Cao.
Los otros dos muros fueron desenterrados en la Huaca de la Luna por el equipo dirigido por Santiago Uceda y Ricardo Morales y se encuentran mucho mejor conservados.
En ambos casos los muros forman un ángulo de 90 grados y están ubicados en la esquina de un enorme patio ceremonial decorado con imágenes de ídolos mochicas, de danzantes tomados de la mano, y de guerreros que arrastran a prisioneros desnudos.
Yo tengo un recuerdo especial del muro hallado en la Huaca El Brujo. Semanas después del hallazgo visité la zona para armar un reportaje y tuve el privilegio de permanecer casi toda una noche contemplando el bendito muro en compañía de Régulo Franco y otros arqueólogos. Fue una jornada inolvidable en la que nos hicimos las mismas preguntas que hoy en día se hacen todos los turistas que visitan la zona: ¿qué misterioso mensaje esconden los jeroglíficos de este prodigioso mural? ¿sus pictogramas son la prueba de la existencia de una escritura secreta de la élite moche? ¿se trata de una criptografía para determinar una fecha especial en el desconocido calendario moche?
Años después el propio Régulo Franco y Juan Vilela Puelles publicaron “El Brujo, El Mundo Mágico Religioso Mochica y el calendario Ceremonial”, donde se propone que el Muro del Tema Complejo es un calendario ceremonial basado en un análisis de los ritos y ceremonias que figuran en su compleja estructura narrativa.
Su hipótesis bien merecía todo un debate científico. Más aún si consideramos que, junto con el hallazgo de muros similares en la Huaca de la Luna, se trata de un hallazgo que significó un encuentro cercano con la cosmovisión mochica.
En el libro COSMOS MOCHE el antropólogo Rodolfo Sánchez Garrafa propone que los símbolos astronómicos y terrenales con elementos que construyen una compleja cosmovisión centrada en la dualidad andina y en los cambios estacionales relacionados con marcadores astronómicos. Pero Sánchez va más allá y, luego de analizar cada símbolo existente en el muro, identifica una relación extraordinaria: Los cuatro muros están relacionados con los equinoccios de setiembre y de marzo…
También propone que el muro mayor de la Huaca de la Luna registra el equinoccio de septiembre mientras que el muro menor registra el equinoccio de marzo. Y que en la Huaca de El Brujo sucede todo lo contrario. Es decir, los cuatro muros están íntimamente vinculados a las celebraciones del calendario anual mochica. Es precisamente en marzo y setiembre cuando en el cielo nocturno se dejan ver las constelaciones de Escorpio, Sagitario, Ophiucus y Serpens Caput. Ojo que así las conocemos ahora como herencia de la cosmovisión occidental. Ignoramos si tenían nombres durante el esplendor de la cultura Mochica.
Obviamente no puedo repetir en este blog todo el contenido de la sorprendente investigación realizada por Rodolfo Sánchez. Ojo que su hipótesis no se limita a las imágenes astronómicas del muro sino que también nos da nuevas luces e interpretaciones antropológicas, arqueológicas y etnológicas sobre las imágenes de animales, plantas y de los personajes que se pueden ver en el muro.
Siguiendo su interesante propuesta –específicamente en el tema astronómico- me provocó husmear el cielo nocturno de Trujillo con el programa Stellarium (se puede bajar gratis para PC o para Mac) y no sólo confirmé la propuesta de Sánchez sino que me di el trabajo de buscar en el cielo nocturno todas las fechas en las que se puede ver a la Luna (en cuarto creciente o menguante) coronada o cercana a un planeta, pero con la condición de que la Luna no se vea “inclinada” (como en la banderas de los países musulmanes) sino formando una “U” bien balanceada sobre el horizonte. Y esto sólo se puede lograr cuando la Luna se oculta siguiendo el mismo camino que el Sol, es decir, en los equinoccios.
Pero hay otros detalles misteriosos en el Muro del Tema Complejo. Un ser mitológico porta una enorme soga que termina en una especie de trompeta unida a una Chakana.
Siguiendo los criterios de la investigación de Rodolfo Sánchez, sucede que el cielo nocturno cercano al equinoccio de setiembre muestra en el cielo nocturno las constelaciones de Escorpio, Sagitario, Ophiucus y Serpens Caput, que coinciden bajo la cúpula estelar formada por la Vía Láctea y que termina, hacia la izquierda , en la Cruz del Sur, es decir, en la andina Chakana.
Con éste modelo sólo faltaba buscar una Luna en cuarto creciente que coincida con las fechas. Y en el presente año esto sucedió más o menos por el día 19 de setiembre, cuando la Luna, además, coincidió con los planetas Marte y Saturno.
Hasta aquí me bastó para confirmar que la propuesta del libro COSMOS MOCHE tiene un asidero científico comprobable.
Pero la curiosidad es grande y en el bendito Muro también se ve que esa Luna en cuarto creciente no sólo está acunando a una estrella (o planeta) sino que está rodeada de otras estrellas…
Juro que por algún instante imaginé que se trataba de Las Pléyades (o Cabrillas) dando vueltas en torno a la Luna en cuarto creciente, pero todo se me vino abajo cuando comprobé –siempre en Stellarium- que durante el equinoccio las Pléyades están pegadas a la constelación de Tauro y bastante alejadas del escenario correspondiente al Muro del Tema Complejo.
Ya iba a tirar la toalla cuando se me ocurrió una última prueba: ¿cuál era el cielo nocturno que pudieron ver los mochicas cuando construyeron el Muro?
Según los cálculos arqueológicos realizados en Huaca El Brujo, el apogeo mochica corresponde a una etapa que va del año 100 al 750 de nuestra era. Es decir, ¡650 años! Y no tengo tiempo para buscar el cielo equinoccial correspondiente a más de 6 siglos. De ahí que sólo atiné a marcar el año 750DC y a buscar una Luna en cuarto creciente cercana al equinoccio de setiembre.
Y esto es lo que hallé:
La noche del 11 de setiembre del año 750 de nuestra era. Conjunción de los 5 planetas que se pueden ver a simple vista con la Luna en cuarto creciente, bajo las constelaciones de Sagitario, Escorpio, Ophiucus y Serpens. Y otod esto bajo el arco de la Vía Láctea.
Ese año, más precisamente en una fecha equivalente al 11 de setiembre del año 750, los mochicas y todos los pobladores del mundo andino vieron un fenómeno astronómico poco común: La Luna en cuarto creciente bajo la cúpula de la Vía Láctea y rodeada por Escorpio, Sagitario, Ophiucus y Serpens Caput… pero con 5 planetas formando un “fila india”: Mercurio, Venus, Marte, Saturno y Júpiter. Ojo que estos son los únicos planetas que se pueden ver a simple vista.
Debió ser un espectáculo sobrenatural digno de celebrarlo.
Obviamente esa fecha (el 11 de setiembre) no existía en el año 750 pues el calendario gregoriano se impuso a fines del siglo XVI. Pero no hay duda que la conjunción de cinco planetas se produjo en una fecha muy cercana al equinoccio de primavera en nuestro hemisferio sur.
Hoy en día, 1.500 años después del esplendor Moche, la conjunción de planetas sigue siendo un espectáculo sobrecogedor para los humanos. En mayo del 2011, por ejemplo, fue noticia en todo el mundo la conjunción de Venus y Marte con sólo 0.6 grados de diferencia . Y tengo entendido que la conjunción de tres o cuatro planetas se produce contadas veces durante un siglo. Pero 5 planetas casi en fila sobre el horizonte y coincidiendo con una Luna en cuarto creciente debió ser un noche inolvidable.
Esa noche pudo marcar una fecha especial para los mochicas que habitaban el valle que hoy en día está ocupado por la ciudad de Trujillo, gobernados por señores que habitaban en las huacas de El Brujo y de la Luna.
Recordé, además, que el arqueólogo japonés Masato Sakai publicó hace unos años sus cálculos astronómicos realizados en Chan Chan y postuló que la construcción de los palacios en la urbe Chimú estuvieron vinculados a determinadas estrellas o planetas y a su ubicación con respecto a los cerros tutelares ubicados en los alrededores. Entre ellos el cerro Campana y el cerro Blanco, en cuya falda se erigió la Huaca de la Luna (la propuesta demuestra que los andinos también tuvieron algo asimilar al Feng Shui). En su libro “Reyes, Estrellas y Cerros en Chimor”, Sakai apoya su hipótesis en esas tradiciones norteñas que revelan que los grandes señores o soberanos norteños se creían descendientes de estrellas y/o planetas. Eran sus ancestros. Ese 11-S del año 750 fueron 5 los planetas que rondaron el paso de la Luna en cuarto creciente durante el equinoccio de setiembre y son precisamente 5 los reyes (personajes con corona de oro, porra y/o bastón de mando) que aparecen en el Muro del Tema Complejo de la Huaca de la Luna.
Los astrónomos del antiguo Perú supieron calcular eclipses, pronosticar el Fenómeno del Niño con sólo contemplar el brillo de las Pléyades. Lograron calcular los movimientos del Sol, la Luna y las estrellas y le dieron una importancia poco común –en civilizaciones antiguas- a las sombras oscuras de la Vía Láctea. ¿Ese 11-S del año 750 marcó laguna fecha especial para los moches? ¿El muro advierte el advenimiento de una nueva era para los moches?
Según cálculos astronómicos la conjunción de 5 planetas se da aproximadamente cada 57 años. Considerando además que esta conjunción de 5 planetas coincida con la Luna en cuarto creciente vista en el horizonte en una fecha cercana al equinoccio de setiembre provocan imaginar que se pudo tratar de un marcador para el “siglo” mochica. ¿Un siglo de sólo 57 años?
Dicho sea de paso, es bueno saber que para el 11 de setiembre del año 2040 éste fenómeno se va a repetir en el horizonte. Aquí la proyección en Stellarium:
El 11 de setiembre del 204o se repetirá este fenómeno de conjunción de 5 planetas con Luna en cuarto creciente bajo la cúpula de la Ví Lactea.
Dudo estar vivo para entonces pero espero que los muros de las Huacas de El Brujo y de la Luna sigan en pie y no estén invadidos por traficantes de tierras o convertidos en muros decorativos de clubes privados.
Obviamente todo esto es especulación basada en simple curiosidad. Pero son algunas de las cosas que provocaron la lectura de la formidable investigación de Rodolfo Sánchez en el libro COSMOS MOCHE.
Debo reconocer que se me llenan los bolsillos de envidia cuando compruebo toda esa expectativa mundial porque a cierto sujeto se le ocurrió decir que el calendario maya pronosticó “el fin del mundo” para el 21 de diciembre del 2012. Hasta hicieron una película en Hollywood y no son pocos los nuevos circuitos turísticos que ofrecen un tour para comprobar el advenimiento del apocalipsis maya. Pienso: ¿y si el muro Moche nos advierte que el fin del mundo será el 11 de setiembre de 2040? Al menos, deberíamos financiar una película en Hollywood y tendríamos miles de turistas visitando el “Muro de la profecía moche 11-S”.
Pero ¡oh casualidad! El 21 de diciembre de este año veremos otra conjunción de planetas que coincide con la apocalíptica fecha de los mayas. Incluso, la Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia –la Bolivia de Evo Morales- ha organizado un encuentro internacional denominado“Cerrando el ciclo del no-tiempo y recibiendo el nuevo ciclo; tiempo de equilibrio y armonía para la Madre Tierra (Pachakuti)”… Ojo que no estoy bromeando, ese es el título del evento que tendrá como escenario Tiahuanaco. Lo pueden comprobar en la página oficial del gobierno boliviano www.21diciembre.bo.
Lo cierto es que los bolivianos se suben al coche apocalíptico de los mayas. En la invitación sostienen que “De acuerdo al calendario Maya el 21 de diciembre de 2012 sucederá la alineación planetaria del Sistema Solar con Saturno, Venus, Mercurio, Plutón (sic) y Marte, pero al mismo tiempo todo el Sistema Solar se alineará con el centro de la Galaxia (otro sic). Ocurrirán dos alineaciones: 1. La lineación del Sistema Solar, solo ocurre cada 5.125 años (¿waht?). 2. La alineación de todo el sistema solar con el centro de la galaxia ocurre cada 25.625 años (otro ¿what?)
Ignoro de dónde habrán sacado éstos cálculos. Es cierto que el 21 de diciembre habrá una alienación de planetas: Venus, Mercurio y Saturno se verán algunos minutos antes del amanecer. Mientras que Júpiter se verá casi toda la noche, y Marte poco después del crepúsculo. Algo muy común en las noches del hemisferio sur.
Pero los astrólogos (ojo, no astrónomos) bolivianos organizadores del citado evento ignoran que Plutón no se ve ni con buenos telescopios, así que ni los mayas ni los antiguos bolivianos sabían de su existencia. El punto 1 también es discutible, pero el punto 2 da risa pues los organizadores resultaron ser más antropocéntricos que sus criticadas iglesias monoteístas occidentales. ¿De dónde sacan que nuestro insignificante y periférico sistema solar “se alineará con el centro de la galaxia”?
Es válido el afán boliviano de reivindicar la cosmovisión de sus ancestros. Pero no me vendan papas por camotes. Y sean más coherentes: mientras el gobierno de Evo Morales promociona este espacio reivindicativo de la cultura indígena, a los indígenas del Tipnis le dan con palo y los atacan con matones cocaleros sólo porque ellos tratan de proteger sus bosques de la carretera que pretende construir una empresa brasileña –amiga de Evo- en medio de sus bosques amazónicos. Los indígenas bolivianos no quieren que se repita la catástrofe ambiental provocado por la carretera Interoceánica en Madre de Dios.
Pero todas estas especulaciones esotéricas y telúricas de los bolivianos le dan más valor a las investigaciones publicadas por Rodolfo Sánchez en COSMOS MOCHE.
Y cae a pelo ahora que crece el interés de los jóvenes peruanos por temas como la astronomía. Deben saber que no hacen falta telescopios ni otros costosos aparatos ópticos para profundizar nuestros conocimientos en esta disciplina científica. Se puede aprender mucho de astronomía a simple vista, pero con la condición de tener un cielo nocturno limpio de luz eléctrica.
No tenemos las condiciones para ser una potencia astronómica pero en el Perú existen numerosos clubes de astrónomos aficionados que deberían profundizar sus investigaciones en arqueoastronomía y se llevarán más de una sorpresa.
Pueden organizar salidas nocturnas para contemplar el cielo e identificar toda esa rica mitología que pobló el panteón de dioses del Antiguo Perú. Y no pierdan ni un capítulo de Big Bang Theory.
Todas las “huacas” y monumentos arqueológicos fueron diseñados siguiendo alguna guía astronómica. Machupicchu es un enorme observatorio astronómico (recomiendo leer el libro de Johan Reinhard) pero ahora está prohibido visitarlo de noche, cuando deberían aprovechar las visitas nocturnas para contemplar la Vía Láctea vinculada con el curso del río Urubamba, o el movimiento planetario vinculado con algunos picos vecinos. O el paso de la Luna sobre el horizonte cordillerano que rodea a Machupicchu.
La propia ciudad del Cusco también tiene una serie de lugares de origen astronómico (recomiendo leer el sorprendente libro ASTRONOMÍA INKA, escrito por Erwin Salazar) Pero para no ir tan lejos todas las “huacas” de Lima tienen alguna orientación o detalle arquitectónico de origen astronómico. En el equinoccio de marzo el sol se oculta exactamente por la ruta del jirón Callao, en el centro histórico (e histérico) de Lima. Se trata de una calle construida sobre la huella del antiguo camino inca que unía Lima con el puerto del Callao.
En Casma, por ejemplo, está el célebre reloj solar de Chankillo, con sus torres que coinciden exactamente con el movimiento del sol durante todo el año. Ahí están las investigaciones de Iván Ghesi sobre Chankillo. Ni qué decir Pachacámac, Puruchuco, Pugliana, Huallamarca o los geoglifos aun existentes en los cerros de San Juan de Lurigancho.
En fin, yo me quedo con seguir desentrañando ese mensaje secreto que está escondido en el Muro del Tema Complejo y seguiré contemplando el cielo nocturno para tratar de entender a esos fabulosos sacerdotes-astrónomos que crearon el Cosmos Moche… antes del 11-S del 2040 o antes de que llegue el fin de mi mundo.